El avance de la ciencia y de la tecnología es a escala impensada unos pocos años atrás, hay
una gran expectativa positiva y cada día que pasa se alimenta más esa visión.
El acceso a la
atención médica ha sido muy facilitado.
Es por eso que la mayoría de los problemas físicos y
anímicos parecen tener un remedio, una solución médica.
La mayoría de las veces el remedio se tangibiliza en unas pastillas o en alguna intervención
quirúrgica de trámite sencillo.
Los problemas anímicos tienen una dimensión compleja, algo inasible, predomina allí la
subjetividad.
La depresión es el problema anímico con mayor trascendencia, el de mayor prensa, por lejos
parece el más frecuente.
Además es aquel para el que se han intentado más soluciones.
Drogas, psicoterapias, internaciones,
modelos de tratamientos, hasta el temible electroshock.
Como nuevas modas o nuevos modelos salen, también aparecen drogas prometedoras para tratar
la depresión mental.
Tanto la oferta, las novedades, como las expectativas parecen formar parte
de una burbuja que se autoalimenta.
Esta burbuja crece e incorpora diversos fenómenos, entre ellos muchos estados anímicos que
estricta y científicamente hablando, no son depresión.
Continuación